Su historia se remonta a la época prehispánica, en los primeros tiempos de la Colonia los españoles intentaron interrumpir la elaboración del papel amate, porque tenía una estrecha relación con los rituales religiosos prehispánicos, sustituyéndolo con papel europeo, pero, pese a las prohibiciones la manufactura del amate para fines rituales perduró a través del tiempo.

La técnica de producción no ha cambiado desde entonces, las fibras utilizadas en su elaboración provienen de las cortezas internas de diferentes géneros y especies  de árboles, la corteza se cuece con cal y ceniza hasta que esté blanda, las fibras se enjuagan, se disponen en una tabla y se machacan con un aplanador para formar una hoja que se deja secar al sol. Las cortezas utilizadas son del árbol de jonote rojo para papel de color café, de xalamátl para el papel blanco, de mora para papel de color crema, el tule para papeles más gruesos y tintes para obtener una gama de colores. En su diseño el artesano vive la experiencia de un universo de símbolos e imágenes que nos revelan lo más íntimo y sagrado de su interioridad.